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Aritz Aranburu, en la entrada del centro de Capbreton. /David Aprea

05-04-08

Aritz ultima su recuperación


Realiza diariamente un duro trabajo de rehabilitación en el cento del Capbreton en el que se recupera de la lesión de rodilla y tobillo que sufrió en Australia

ALVARO VICENTE

No hay que ser muy avispado para reconocer que uno está en un centro deportivo. Se ve y sobre todo se siente desde el momento que se cruza el umbral de la puerta de acceso. Un balón peina el flequillo del fotógrafo. Un supuesto lesionado, futbolista para más señas, pone a prueba el estado de su rodilla con lanzamientos cruzados en el mismo hall de entrada al complejo. Su fisioterapeuta se ve que es rápida de manos. Imaginen el hall de cualquier hotel de grado medio. La recepcionista, lejos de torcer el gesto, da la bienvenida con la mejor de sus sonrisas. Debe ser algo habitual. Entre sillones de espera, empleados que se afanan en dejar impoluto cualquier cristal que se precie, el futbolista sonríe. Parece estar de enhorabuena. De momento ya chuta. Con un balón de volley playa, pero comienza a ver la luz al final del túnel.
Todavía no sabemos dónde, pero que en el Centro Europeo de Recuperación del Deportista (CERS) se trabaja en piscina. Queda claro por el fuerte olor a cloro que impregna la instalación. La temperatura ambiental es desde luego más alta de la que dejamos en el exterior. Los internos van y vienen en ropa deportiva, en pantalón y camiseta corta la mayoría de ellos. Es fácil adivinar que éste no es un centro cualquiera. Deportistas jóvenes hacen de la muleta, la rodillera y la sillas de ruedas los complementos estrella.
Aritz Aranburu, por suerte, ya ha podido desprenderse de las muletas. Las ha guardado en el fondo del armario aunque cojea levemente, más fruto de la pérdida de confianza tras varias semanas sin apoyar el pie, que del actual estado de su tobillo y rodilla. Confiesa que todavía no puede hacer «el juego completo» pero la recuperación marcha según lo previsto, como más adelante explicaría su fisioterapeuta, un joven leonés que bien podría pasar por un parisino más. El surfista zarauztarra cayó lesionado a finales de febrero en la primera prueba del circuito mundial WCT en Australia. En una exhibición fuera de competición no amortiguó un aéreo y se lastimó el tobillo y la rodilla izquierda. En un primer momento todos los indicios le llevaban al quirófano, pero pasó consulta con el médico Mikel Sánchez y a Aritz se le abrió el cielo. Un trabajo de rehabilitación le devolvería a la competición.
Deportistas ilustres
En el CERS todos son lesionados de corta y larga duración que trabajan sin prisa pero sin pausa para poder reincorporarse lo antes posible a sus equipos o competiciones. Por la instalación de Capbreton han pasado deportistas de todas las modalidades, como certifican las fotografías que inundan la pared de la cafetería y las diferentes dependencias: Sebastian Loeb (automovilismo), Guardiola, Ronaldo y Skoubo (fútbol), Laurent Foirest (baloncesto) y todos los jugadores de rugby que le vengan a la mente. Es el mejor aval de este centro del que dicen es el mejor de Europa. Puede que sea mucho decir, pero desde luego no hay mejor publicidad que el hecho de que una estrella mundial como Ronaldo haya pasado por Capbreton para recuperarse de sus maltrechas rodillas. No hay dinero para pagar semejante campaña de marketing. Quizás lo que buscaba Ronaldo era centrarse en su rodilla y no tentar a la noche. Porque salir a tomar algo puede ser un ejercicio de valentía en un Capbreton desierto en pleno mes de abril.
El CERS es un remanso de paz exquisito y por qué no decirlo no al alcance de todos los bolsillos. Está situado en la misma playa de Capbreton. No hay posibilidad de salirse del guión fijado por los médicos y fisioterapeutas, aunque hay a quienes todavía les queda tiempo de trabajar su cuerpo como denuncia la máquina de preservativos que cuelga de la pared en el servicio contiguo a la recepción.
Cinco horas de trabajo
El fisioterapeuta de Aritz Aranburu sale al paso. Amabilísimo durante toda la visita, invita a adentrarnos en las entrañas del complejo y a seguir el desarrollo del trabajo de recuperación que está haciendo. El acceso hasta la sala en la que se encuentra el surfista zarauztarra se hace por una escalera escondida apenas utilizada por los internos. Más adelante lo entenderíamos. Para un deportista operado de la rodilla subir una escalera puede ser una tortura y el objetivo último de su estancia en el centro. Hasta quemar esa última etapa lo más recomendable y casi única opción es dejarse llevar en el ascensor que une las dos plantas del edificio principal. La escalera es un desierto y el ascensor echa humo.
Aritz contrae y relaja el cuádriceps izquierdo cronómetro en mano. Sudoroso confiesa que acaba de «bajar de la bici». Es un decir porque la bicicleta es estática. Ni sabe los kilómetros que lleva en sus piernas. La vista desde la bicicleta es inmejorable, aunque quizás un tormento para un surfista lesionado. Olas de metro y medio rompen frente al amplio ventanal y una veintena de surfistas hacen que un día laborable entre semana parezca festivo. «Es una buena forma de motivarme», dice Aritz buscando el lado bueno del siempre espinoso proceso de recuperación.
Ergómetros, gomas elásticas, mancuernas, espalderas... cualquier artilugio que se le ocurra está en el CERS. Por haber hay hasta máquinas en los pasillos. Cualquier rincón parece bueno para recuperarse de una lesión. El no hay tiempo que perder se aplica a rajatabla.
Aritz está finalizando su sesión de trabajo matutina. Lleva en Las Landas tres semanas y «si todo marcha según el programa previsto» la próxima semana saldrá al mundo exterior. Está hospedado en un hotel contiguo al centro comunicado por un pasillo exterior.
Óscar Sanjuan, el fisio de Aritz, explica cómo marcha la recuperación. Le escucha atento su entrenador, Aitor Francesena. «El tobillo está bien. Llegó al centro con un esguince debido a un traumatismo, pero ya está recuperado. La rodilla es quizás lo que más ha sufrido pero el trabajo ha permitido que hayamos ganado en movilidad articular y se haya reforzado el músculo. Ahora sólo queda respetar los tiempos de cicatrización, que son de seis semanas. A partir de ahí podrá hacer trabajo físico».
En la piscina, más trabajo


Pasamos a la piscina. Al medio en el que mejor se desenvuelve Aritz. Atravesamos la dependencia más amplia del recinto, donde un regimiento de fisioterapeutas trata al que podría ser un equipo de rugby al completo –«son los que van por la Seguridad Social», aclara Aritz–. Él es un cliente VIP.
El agua de la piscina está caliente. Su temperatura podría asemejarse a la prueba en Tahití en la que Aritz podría reaparecer, el 8 de mayo. No tiene prisa. «No voy a forzar. He tenido una lesión gorda y sólo competiré cuando me sienta en perfectas condiciones», asegura. Desde luego, enfrentarse a paredes verticales de tres metros o más en Teahupoo no está al alcance de cualquiera.
El acceso a la piscina es restringido. Tres controles sanitarios al día tratan de evitar que cualquier cicatriz mal curada, todavía ensangrentada, pueda contaminar el agua y con ello a otros pacientes. Aritz cumple su segunda sesión en la piscina de agua a contracorriente. Está iniciando el trabajo físico. Apenas quince minutos de sesión antes de almorzar a eso de las 12.30 horas. Estamos a menos de cincuenta kilómetros de Irún, pero las costumbres no cambian. Como tampoco hay tiempo de sobremesa. Alguna partida a la Play Station, unos pocos minutos de televisión y poco más. Quedan cuatro horas de trabajo vespertino. Una tabla de ejercicios de fortalecimiento es el plan que le espera. Ha trabajado tanto su pierna lesionada que ese cuádriceps supera ya al otro. Aritz debe compensar el desarrollo del tren inferior así como no descuidar el superior. Y es que cuando salga de Capbreton, el viernes de la semana que viene, su tobillo y rodilla estarán recuperados. Otra cosa bien distinta será su estado físico y las sensaciones en el agua. Aritz no ha perdido contacto con el circuito. Está animado, pero el reloj corre en su contra. «Estoy tranquilo. La recuperación está siendo buena y soy positivo», asegura Aritz

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