

Vista de la estación de Astún, una de las más visitadas por los esquiadores guipuzcoanos
La mayoría de los accidentes en la nieve se deben a las imprudencias de los usuarios
El esqui y el snowboard son dos deportes muy gratificantes para quienes los practican, y pocas cosas se pueden comparar a una perfecta jornada de nieve, pero también conlleva riesgos, y el no actuar con prudencia puede llevar a que ocurran desgracias.
Uno de los casos más llamativos de la temporada pasada fue el de un joven de Mataró, que se desorientó mientras practicaba snowboard fuera de pistas en La Molina. El rider pasó una noche a la intemperie, aunque consiguió salir indemne gracias a que encontró una cabaña de pastores en la que refugiarse.
Otros esquiadores que se lanzaron fuera de las pistas no tuvieron tanta suerte y fallecieron por culpa de los aludes. Es el caso de tres jóvenes vascos que en enero de 2008 murieron en Formigal (Huesca). Pero los accidentes no se limitan a las prácticas de aventura. Actividades aparentemente inofensivas como adentrarse en trineo en una zona no autorizada también puede tener consecuencias fatales. Un suceso así ocurrió en Vallter hace dos años, cuando un joven colombiano de 24 años se estrelló mortalmente contra un cañón de nieve en una zona que estaba cerrada.
Malas prácticas
Pararse en mitad de la pista, sobre todo cuando hay poca visibilidad o un cambio de rasante, también puede acabar en tragedia. El pasado mes de marzo, una mujer resultó gravemente herida y un hombre perdió la vida en Boí-Taüll tras ser arrollados por un monitor que no pudo esquivarlos.
La mayoría de accidentes se producen por colisiones en las zonas de debutantes y por deslizarse a una velocidad superior a la que permite el nivel del usuario. Unos choques que muchos esquiadores atribuyen a los practicantes de snowboard. Sin embargo, la imprudencia no depende del equipo que se lleve bajo los pies, ya que también hay esquiadores que bajan por las pistas como auténticos kamikazes.
La base para disfrutar de un buen día de nieve es el respeto al resto de usuarios, atender a las indicaciones que se dan desde la estación, como no meterse en zonas en riesgo de aludes, y, muy importante, ser consciente del nivel que uno tiene, porque sobrestimar las propias habilidades también puede dar lugar a percances