

Mundaka es un claro ejemplo de cómo el surf puede ser una importante locomotora ecónomica para municipios costeros
El auge experimentado por el surf en los últimos años ha dado lugar a la aparición de un mercado con gran proyección
El contacto directo con el mar y la naturaleza, la práctica de un deporte emocionante y divertido, la posibilidad de viajar buscando las olas más famosas y conocidas. son muchos los alicientes que han convertido al surf en uno de los deportes que mayor crecimiento ha experimentado en las últimas décadas. Las tablas de surf desparramadas por la orilla o clavadas en la arena, las figuras negras asomando en torno a la rompiente, como focas esperando la serie. son imágenes que, día a día, se vuelven más comunes y familiares para todos aquellos que, de una forma u otra, en una estación u otra, mantienen un contacto medianamente constante con las playas, uno de los grandes valores medioambientales y turísticos -y por ello económicos- de la zona.
A día de hoy, el surf se ha situado no ya como uno de los deportes más practicados y con un mayor potencial de desarrollo, sino como un recurso económico de primera magnitud para aquellos enclaves en que, por sus condiciones naturales, sea posible la práctica de esta actividad.
Conscientes del potencial de esta disciplina, son muchos los municipios costeros que pretenden situar al surf como uno de sus principales motores económicos. Porque el surf, además de una forma de ocio o de un estilo de vida, implica para sus practicantes unas necesidades concretas con un impacto importante en el ámbito económico.
Todos los municipios costeros interesados en potenciar el surf como motor económico tiene un buen espejo en el que mirarse, y se llama Mundaka. Es impresionante el impacto que tiene el surf en la vida social y económica de este pequeño municipio, que apenas alcanza los 2.000 habitantes. De acuerdo con los datos ofrecidos por la organización internacional Save the Waves, el impacto económico de la ola de Mundaka para el pueblo se sitúa en torno a los 3 millones de euros anuales.
En la misma línea, los propietarios de los negocios locales de Mundaka no dudan en afirmar que el 40% de sus clientes son surfistas. En cuanto a los propios surfistas, la mayoría afirma que si acuden a Mundaka es por su famosa izquierda, y que de no existir ésta, o de degradarse, dejarían de viajar a Mundaka.
Otro de los elementos que permiten apreciar el peso económico del surf es el perfil medio del surfista en la zona. Frente a la mítica imagen de veinteañeros bohemios y bronceados, un estudio de la Surfrider Foundation, una de las organizaciones más importantes en el ámbito surfero a nivel internacional, define al surfista medio como un turista de clase superior con una media de edad cercana a los 40 años, muchos de los cuales cuentan con salarios anuales que varían entre los 40.000 y los 60.000 euros. Además, se trata de personas que acostumbran a viajar en familia, con conciencia medioambiental y con fondos para gastar en comercios, en restaurantes y en otras actividades de ocio propias de la zona.
Pero el fenómeno del surf engloba a un público mucho más amplio, un público que no para de crecer. En los últimos años se ha podido observar un aumento espectacular del número de mujeres y niños que se deciden a probar suerte con las olas. En este aspecto, destaca la labor realizada por las escuelas profesionales de surf, entes fundamentales a la hora de entender el progreso que está experimentando este deporte.
Para unos, un simple deporte, para otros una forma de entender la vida y de vivir en armonía con la naturaleza. Hay quien vive de él, y quien vive para él. El surf se ha convertido en un elemento fundamental para entender la vida de muchas personas, que no pueden pasar ya sin él. La fuerza y el atractivo de las olas cautivan cada día a más gente. /A. G. POLAVIEJA