

Debutará en el Turbo Bodyboards Pipeline Pro que empezó ayer para visitar Indonesia y Australia después. El zumaiarra ha iniciado en Hawai una gira por las mejores olas del mundo
Alex Uranga realiza desde el pasado 4 de febrero el invertido más ambicioso de sus veinte años de vida. A bordo de un avión destino Hawai emprendió una maniobra que espera alargar al menos cinco meses. Un giro, pero en su vida. Ahora que ya tomaba velocidad. Panza arriba, con la mirada buscando los cielos más altos del bodyboard mundial.
A partir de hoy participará en el Turbo Bodyboards Pipeline Pro, primera prueba del circuito mundial de la modalidad que comenzó ayer en Oahu (North Shore). El IBA World Tour consta de veinte competiciones, cinco de las cuales están consideradas como Grand Slam, entre ellas la que está tachada en rojo en el calendario de Alex Uranga desde hace meses. Casi 200 riders buscan tomar posiciones en el circuito y llevarse los 25.000 dólares de premio que esperan al ganador.
El zumaiarra ya tiene experiencia en pruebas de carácter internacional -fue tercero en el campeonato de Sopelana del circuito mundial el año pasado y quinto en el circuito europeo- pero busca medirse a los mejores en los mejores escenarios. Traspasar barreras. Nuevos retos.
«Quiero comprobar qué nivel tengo allí y qué tal me manejo en olas más potentes como las que me voy a encontrar en Hawai», decía antes de despegar. Reconocía que «me voy a encontrar condiciones más duras que a las que estoy acostumbrado y olas que sorprenden por su fuerza. Por eso he intentado entrenarme bien las últimas semanas y he metido bastantes horas en el agua. En cuanto al trabajo psicológico, voy super motivado».
«Trabajaré de lo que sea»
Viaja con billete de ida y equipaje ligero. Ilusión, afán de aventura y poco más. Cuenta con planes provisionales, siempre canjeables por experiencias enriquecedoras en el plano personal o deportivo. «Voy con la idea de disputar la primera prueba del circuito mundial en Hawai y hacer una gira después por grandes playas de Australia e Indonesia. Sólo me dedicaría al resto de pruebas del mundial si viera que gano en Pipeline y se me pone el campeonato de cara».
Opta por el invertido cuando su vida se encuentra en un punto de inflexión, tanto deportiva como personalmente. «Terminé bachiller y no sabía qué hacer. Andaba perdido. Hice un módulo de Educación Física y he hecho prácticas en el polideportivo de Zumaia. Tenía dos opciones: irme fuera a aprender de la vida o seguir sin saber muy bien por dónde enfocarla».
El Bodyboard, un hobby que empezó a tomarse en serio con doce años, también le reclamaba últimamente. La temporada pasada ganó los campeonatos de Gipuzkoa y Euskadi además del Donosti Bodyboard Air Show. Pero sus buenos resultados en pruebas de nivel internacional son los que alimentan su sueño de poder vivir del deporte. Fue segundo en el campeonato del circuito europeo disputado Vila Do Bispo (Portugal) y llegó a la semifinal del Sopelana BBK Pro, del circuito mundial.
Siente la progresión. «He notado mucha mejoría en los últimos años. Me enfrento con más madurez a los veteranos. Cojo mejor el sitio en las mangas y voy conociendo los trucos de los que ya llevan más años en esto. No me quiero estancar. Aquí siempre nos encontramos la misma ola».
Su proyección no ha dejado indiferente a las casas comerciales que coquetean con el bodyboard. El año pasado entró a formar parte del equipo que patrocina la marca de trajes Kynay. «No me puedo quejar», confiesa Alex. «Tengo el apoyo de casas como Churchill, Hoff, Prudey Clothing o Sniper y me ayudan también Kirolgi y Zumaia.net. Estoy agradecido a todos ellos».
Su empujón ha sido definitivo para que Alex Uranga intente ahora un salto en el plano profesional. Ambición y ganas no le faltan.
«Me gustaría que el bodyboard me permitiera viajar por el mundo»
El idealismo de emprender un viaje a la aventura no impide a Alex Uranga conservar unas mínimas dosis de realismo. «Aquí el surf le quita protagonismo al bodyboard, que no tiene ni tanto apoyo económico ni tanta repercusión mediática. Sobre todo en Zarautz, por la influencia de Aritz Aranburu y Hodei Collazo, es una modalidad secundaria. Pero es cuestión de cultura. En Canarias, por ejemplo, se vive a muerte. El futuro de quien quiere dedicarse a esto no es tan prometedor. Soy consciente de ello. No aspiro a vivir de lujo del Bodyboard pero me gustaría que me permitiera mantenerme viajando por el mundo. Que pudiera disfrutar unos años con lo que ganara de esto».